viernes, 14 de julio de 2017

Reseña: Himalaya de Juan Seré

 Himalaya es una pieza que hace volar la imaginación gracias a la armonización de múltiples elementos como un buen guión, una estética precisa y grandes interpretaciones que producen lo que experimentamos como piel de gallina.

 La obra se sitúa en la base del monte Manaslu, una de las cimas de Himalaya a 8163 metros de altura, donde un grupo de alpinistas tiene el objetivo de escalar hasta la cima de la imponente montaña. Un desafío que no sólo es físico, sino que encierra también una competencia mental, consecuencia de los egos de los integrantes.Sin embargo, como en toda aventura, están los que hacen el trabajo duro. En este caso son los sherpas, quienes allanan el camino y  hacen las marcas de la soga previamente en la montaña. Atravesando las consecuencias climáticas y demográficas, los alpinistas  y sherpas comienzan a subir y así desarrollar una historia llena de idas y vueltas, amoríos y traiciones, con un desenlace que reúne a los doce personajes en escena, demostrando la realidad de la lucha de clases, la lucha de género, la hermandad y la traición. En cuanto a los personajes, ninguno pasa desapercibido y cada relación deja una moraleja, una enseñanza. La química del triángulo amoroso de Blas, Helen y Fishi es precisa. Se retroalimenta a cada escena y tiene una cercanía con la idiosincrasia argentina, que despierta más de una mirada pícara en el espectador; al igual que la relación de Natacha y Tony, en donde se puede sentir la seducción y reírse a causa de sus resoluciones de cabecita de novia con el fin de conseguir reconocimiento por quien es. Lo mismo con la inteligente decisión de utilizar a la dupla de Tony y Samuel, quienes tienen la desfachatez que les otorga la juventud y se potencian logrando la comicidad a causa de sus egos más grandes que el mismísimo Himalaya.La enseñanza que entregan las actitudes de los sherpas Pibu, Catu y Mogli, dejan al descubierto las relaciones de dominación, y la subordinación a las autoridades a cambio de un vuelto. El hombre solo, como su nombre lo dice, sorprendido ante la presencia de Mogli; nos entrega expresiones fuera de lo común y actitudes extravagantes dignas de un hombre de su condición.Hay dos papeles que llaman la atención más por su presencia que por su dicción, es el caso de la cabra, quien en un principio parece el típico personaje gracioso, pero tiene la capacidad de entregar las frases perfectas en el momento justo. La otra interpretación que deslumbra visualmente es la de la diosa Manaslu, acompañada de un gran vestuario, una adecuada implementación de luces y un desplazamiento eficaz que hace sentir a los demás como diminutos seres humanos.
A través de la simpleza y los elementos justos, se logra generar en una humilde sala teatral porteña, una sensación de estar en Asia, donde las reducidas dimensiones del escenario no son una dificultad. 
 Con respecto a la escenografía, es para destacar el dinamismo con el que se modifica la misma con el correr de la obra. A partir de un todo se va desmantelando, incluso incorporando al elenco como parte de ella. Un gran mérito para el escenógrafo ya que es difícil lograr una modificación sin cortar con el hilo conductor de la historia narrada. El aprovechamiento del escenario en toda su dimensión genera una profundidad que permite por momentos la aparición de todo el elenco en escena.
 En cuanto a la iluminación, se juega mucho con el dualismo de las temperaturas  y los estados de ánimo. Es un complemento necesario y eficaz, ya  que a través de la simpleza, como puede ser una luz cálida, sumada a una buena interpretación en el momento justo, arroja resultados convincentes y generadores de emoción en el espectador.
 Por último es para destacar la capacidad del guión para entregarnos momentos de comicidad pero también abordando temas sensibles como la violencia hacia la mujer, lo cual nos dejan pensando lo instalado que está la diferencia de género.  
 Se percibe la dedicación y la evolución de esta pieza teatral en su segunda temporada que, tiene en la sala Ladran Sancho, un lugar físico perfecto para llevarla a cabo.


 Otro punto para detenerse y resaltar es la estética fría, plateada, húmeda, digna de la idea solitaria que se plantea. No sé si es porque el día de la función hacía frio, pero la magia que se produce transporta al espectador a la montaña, lo cual es un gran mérito para el equipo.


Ficha técnica
Himalaya / Dirección y dramaturgia: Juan Seré /
Intérpretes: Pablo Bronstein, Gastón Filgueira Oria, Manuel Iglesia, Marcos Krivocapich, Nicolás Levin, Francisco Ortíz, María Belén Ribelli, Eloy Rodríguez Tale, Carolina Stegmayer, Jennifer Sztamfater, Luis Tenewicki y María Agustina Trimarco /
Músico: Eloy Vicario Malich /
Vestuario: Bruno Chávez Couture /
Escenografía: Federico Dirrheimer y Juan Fiori /
Iluminación: Fidel Semería /
Música original: Ismael Pinkler y Eloy Vicario Malich /
Sala: Ladran Sancho, Guardia Vieja 3811 /
Funciones: domingos, a las 18 /

                                              


                                               Nicolás Rodríguez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Crítica: Hombres De Honor

Hombres de honor es la cuarta obra escrita por Armando Discépolo. Esta pieza, otra de las tantas en las que el autor abarca un oficio a par...